NO JUZGUES, NO CRITIQUES, NO TE QUEJES

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NO JUZGUES, NO CRITIQUES,
NO TE QUEJES

Las relaciones familiares, muchas veces pueden verse afectadas por actitudes destructivas.
Ante esta realidad, que puede convertir nuestro hogar en un verdadero infierno, vale la pena Resaltar estas tres claves en las relaciones familiares y sociales: NO JUZGUES, NO CRITIQUES, NO TE QUEJES.

Estos tres NO, los explica Dale Carnegie en su Libro “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”. Los retomo para hacer una breve reflexión sobre su aplicación dentro de nuestras familias.

No juzgues

Somos muy dados a juzgar a la primera. Sin escuchar, sin mediar el derecho a la defensa. En nuestras familias, tal vez, juzgamos a los demás y a nosotros mismos de manera cruel y sin fundamento. Juzgar es declarar la culpabilidad sobre algún delito o acto moralmente incorrecto. Aunque tenemos la responsabilidad de cuidar el recto obrar propio y de los miembros de nuestra familia, debemos primero que todo, buscar a través del diálogo, la claridad de la situación, las motivaciones, las circunstancias, antes de emitir un juicio. Podemos pasar por injustos por ser demasiados duros o por el contrario, ser demasiado blandos. En últimas, el juicio debe estar acompañado del diálogo y de la reflexión, que lleve a asumir las consecuencias de nuestros actos y aprender de los errores.

No critiques

La crítica es el pan de cada día para muchos. Antes de iniciar la jornada laboral, ya se está hablando o mejor, chismoseando del vecino, del compañero de trabajo, del hijo de tal, en fin.

La crítica generalmente es destructiva, porque se asume como el comentario hecho a espaldas del implicado. ¿En casa también se puede presentar?, claro que sí. El esposo, que no le gusta nada de lo que su esposa le prepara, ninguna camisa está bien planchada. O la esposa a la que no le alcanza la mensualidad que gana su esposo y que le da para los gastos de la casa. Los hijos que no están conformes con sus padres, porque no son como los papás de su amigo, o los padres que critican a su hijo porque no es tan hábil para el deporte como su hija. Etc. La crítica si no está acompañada de acciones concretas que busquen por ejemplo, corregir o motivar un cambio o mejoramiento de algún comportamiento, no tienen ninguna utilidad.

NO JUZGUES, NO CRITIQUES, NO TE QUEJES

El tercer No
No te quejes,

Hace referencia a nuestra tendencia a depositar nuestros pesares y nuestras desgracias en los otros. Acostumbramos a dedicar el tiempo de nuestras conversaciones a quejarnos, desde el mismo momento de saludarnos. Ejemplo: ¿Hola, como estas? Ahí, jodido pero contento o sufriendo pero usted no tiene la culpa. Nuestras palabras dicen mucho de nuestra actitud frente a las situaciones y frente a la misma vida. En familia, cuánto de esto hace parte de nuestro diario vivir.

Quejarnos de los problemas o de las dificultades, que se nos presentan, no sirve de mucho y no ayuda para nada en la formación de nuestros hijos. En lugar de quejarnos, afrontemos las situaciones buscando soluciones o por lo menos, el menor impacto negativo que nos puedan traer.

Los problemas pueden ser una oportunidad para volver a empezar, para reunir a la familia, para escucharnos en fin, para buscar soluciones, pero no deben ser una excusa para quejarnos. Quejarnos no nos ayuda en nada.
Así que, papas, mamas, hijos: no juzguen, no critiquen y no se quejen. Dialoguen, busquen soluciones, hagan que la unión y el amor se fortalezca en lugar de permitir que se debilite y rompa el vínculo familiar.

Se dice que: “Con la vara que mides serás medido”. Yo diría que la actualidad aplica: “Con la vara que mido, me mido” Esto teniendo en cuenta que cada vez es más implantado en el chip de hombres y mujeres los estereotipos que están dejando de ser una herramienta publicitaria para hacerse una obsesión por ser copiados como realidades. Olvidando la escencia humana. Comienza la medición, la comparación y la desaprobación del propio ser. Sin tener en cuenta que un cuerpo desaprobado es un cuerpo que comienza a enfermar. De eso nos ocuparemos en otro artículo.

Escrito por: Juan Manuel Guerrero
www.profesionfamilia.com

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